“Si leemos el Evangelio, que es donde vamos a encontrar a Cristo, descubrimos dos caracteres distintos en su mensaje. Por un lado, el mensaje tremendamente exigente y por el otro el mensaje que, asumido personal y existencialmente, le da al hombre la verdadera alegría de vivir. Es importante tener en cuenta que el cristianismo es la única religión que no se traduce en un conjunto de verdades, ni en un conjunto de normas éticas. Buda les dijo a los hombres: "Yo les voy a decir cuál es el camino que conduce a la verdad". Confucio les dijo a los hombres: "Yo les voy a indicar cuál es el camino que conduce a la dicha, a la felicidad". Pero vino Cristo y no les dijo "Yo les voy a indicar cuál es el camino", sino que les dijo y nunca nadie antes ni después de Él dijo: "Yo soy la Verdad, yo soy la Vida, yo soy el Camino". Es el único hombre que afirmó ser la Verdad. Por eso para mí o se acepta que Cristo es Dios, o Cristo es un sinvergüenza, un loco. No hay otra alternativa. Pretender extraer de Cristo la divinidad para hacerlo aparecer como un hombre más o menos filántropo, me parece que es además de traición al Evangelio, no entender la conciencia que Cristo tenía de sí mismo. Y si se engañaba, por eso mismo estaba loco. O era directamente un inmoral, una persona que se presenta como lo que no es. Creo que Cristo era consciente de lo que era y lo asumía: era el Hijo de Dios. Y creo que lo importante para un cristiano es descubrir que Cristo es tan humano, precisamente, porque es divino. Cuando Passolini leyó el Evangelio de San Mateo, dijo: "No, yo no creo que Cristo sea Dios, pero creo que este hombre es un hombre fuera de serie, es un hombre divino". Creo que en ese momento es cuando entra a vislumbrar la personalidad de Cristo que excede un poco la personalidad meramente, humana. Jesucristo se presenta entonces como una persona que exige una definición radical del que lo sigue”.
Padre Carlos Mujica

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