"Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes." (Isaías 55,9)
"Metanoia" (μετανοῖεν) es la palabra griega del Nuevo Testamento que traducimos como "conversión". Su traducción más precisa es "cambio de mente". Mente, en la Biblia, no es sólo inteligencia. Apunta a un cambio integral. Pero ése cambio comienza por "la mente", es decir, el sistema de ideas que dirige nuestras vidas.
Éste es el punto que me interesa rescatar: la verdadera conversión comienza por un cambio en el modo ver la realidad y de pensarla. Comienza por un cambio en mi escala de valores. Después (en un sentido lógico, no necesariamente cronológico) viene la adecuación de mi obrar a ese nuevo modo de pensar. Ya Jesús resaltaba que es necio quien "escucha mi Palabra y no la pone en práctica" (cfr. Mt. 7,26). Pero primero es escuchar su Palabra. Escuchar, no sólo oír. Escuchar para incorporar en mí el modo de pensar de Dios. Para pensar como Dios. Esto está muy bien graficado en la parábola del sembrador (Mt. 13,3-9).
La conversión, es en primer lugar cambio de mentalidad. ¿Por qué insisto en esto? Porque me preocupa ver a tantos hermanos en la fe, haciendo grandes esfuerzos por vivir una moral cristiana que no es tal. Y eso, porque en el fondo desconocen el pensar de Dios. Desconocen qué piensa Dios sobre tal o cual asunto. Y por lo tanto viven según ese desconocimiento, creyendo que viven según el querer de Dios. Dan por supuesto que su modo de pensar coincide con el pensar de Dios. Ni siquiera se cuestionan. Y no lo digo creyendo que tengo claro cómo piensa Dios, porque eso es imposible. Lo importante es tomar conciencia de esta dificultad, y esforzarse cada día para que mi pensar se acerque más al pensar de Dios. Y después, esforzarme lo más posible por vivir en coherencia con ese pensar.
Evangelio significa, en griego "Buena Noticia". Pero muchos lo viven como una mala noticia. La propuesta de Jesús es una propuesta de felicidad. Está claro en la parábola del tesoro escondido (Mt. 13,44) o cada vez que Jesús compara el Reino de Dios con una fiesta o un Banquete (Lc. 14,16-24). Pero si desconocemos su propuesta no podemos apropiarnos de la felicidad que ésta implica.
Por eso, recomiendo a todos mis hermanos: Antes de esforzarte por vivir el Evangelio esfuérzate por conocerlo. Porque es muy probable que tu esfuerzo sea en vano. Quizás eso explique por qué, siendo fiel hijo de Dios, la felicidad no ha llegado a tu corazón. Tal vez por eso te sientas abandonado de Dios, cuando él (te lo puedo asegurar) nunca te ha abandonado.
No hay motivos para desalentarse, porque nunca es tarde. Jesús lo deja claro en el diálogo con Nicodemo (Jn. 1,21).
Ahora bien ¿Cómo puedo conocer y apropiarme del pensar de Dios? Sencillo: entrar en contacto con su Palabra. Porque esto es lo maravilloso de la tradición judeo-cristiana: Dios se ha revelado. Dios ha manifestado su pensar. Y lo encontramos en su Palabra.
Entrar en contacto con la Palabra de Dios, desde el estudio y la formación, orientados por el Magisterio[1]; pero sobre todo, tomar contacto en la oración. Leerla en un clima donde el Espíritu pueda revelarnos el verdadero sentido de cada pasaje bíblico. Como dice Dei Verbum[2]: que el mismo Espíritu que inspiró a los autores sagrados nos oriente en una adecuada interpretación (cfr. DV 12). Para esto recomiendo el método de la Lectio Divina[3] como modo concreto de orar con la Palabra de Dios.
Personalmente he armado unos apuntes para mis alumnos que nos permiten introducirnos en el mundo de la Biblia:
De todos modos recomiendo buscar en Internet, donde seguramente encontraremos material de mejor calidad.
Ahora les comparto un texto del Padre Carlos Mugica[4], en la misma línea que he expuesto, aplicado al campo del compromiso social[5]:
“(…) Una sociedad montada sobre la base del lucro es una sociedad anticristiana e inmoral y por lo tanto debe ser rechazada (…) ¿Cuáles son las pautas que debe tener en cuenta un cristiano para saber qué sistema puede adecuarse mejor o no a sus valores? Primero, el Evangelio; segundo, el Magisterio de la Iglesia, y después lo que Juan XXIII llama los signos de los tiempos (…) Nosotros a veces tenemos ciertas ideas de la propiedad... en general de lo que es el cristianismo, debido a la ignorancia enciclopédica que tenemos de lo que es el Evangelio. Porque si yo fuera marxista y no hubiera leído ni a Marx, ni a Lenin ni a Guevara, ni a Mao, ¿qué clase de marxista sería? ¿Usted es cristiano? Sí. ¿Leyó a Cristo? Sí, un cachito, los domingos. ¿Leyó a San Pablo? ¿Leyeron las cartas de San Juan? ¿Leyeron los Hechos de los Apóstoles? No. Entonces ustedes ¿qué clase de cristianos son? Son cristianos folklóricos. Y hoy ya no podemos aguantar la problemática del mundo de nuestro tiempo con cuatro verdades clavadas con alfileres. No podemos seguir viviendo de renta: porque mis padres son cristianos, yo también lo soy. Eso ya se acabó. El que hoy no hace una opción adulta por el cristianismo, seguro va a perder la fe, va a quedar marginado del proceso. ¿Qué se dice en el libro de los Hechos?: ‘Todos los que creían vivían unidos teniendo todos sus bienes en común, vendían sus posesiones y haciendas y las distribuían entre todos según la necesidad de cada uno’ (Cap. 2, 44 ss.)”.
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[1] Esto es válido para los católicos que contamos con esta riqueza.
[2] Documento del Concilio Vaticano II sobre la Revelación de Dios.
[3] La Lectio Divina es un método de oración con la Biblia, desarrollado por los monjes desde la antigüedad. Existen diversas variantes. Recomiendo la modalidad (no muy difundida) del Padre Roberto Mercier Pss: http://lectioapuntes.wordpress.com/2010/09/13/scala-claustralium-guigo-ii/. Sobre la otra modalidad más difundida podemos ver: http://www.verbodivino.es/images/recursos/recurso_20.pdf.
[4] Sacerdote argentino que dedicó gran parte de su apostolado al servicio de los pobres en Villa Retiro (Bs. As.). Murió asesinado en 1974. Ver más en: http://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Mugica.
[5] Recordemos que el Evangelio se refiera a la totalidad de la persona humana, no sólo a la dimensión social, pero también a ésta. Es común el error entre los cristianos de excluir o minimizar esta dimensión. Como dice el Padre Mugica, este error se debe justamente al desconocimiento de la Biblia y de la Doctrina Social de la Iglesia. Recomiendo leer el artículo del Padre Rafael Velasco, sobre Iglesia y Política:

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