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En este espacio publicamos algunas reflexiones y pensamientos para alimentar tu vida espiritual. Incluimos, también, comentarios a algunos pasajes de Evangelio, con la intención de colaborar en tu encuentro orante con la Palabra. Como dice Isaías (cfr. Is. 55,10-11), ella es eficaz en nuestros corazones, para animarnos a la verdadera conversión. En el Evangelio es Jesús mismo el que nos habla e interpela, y por eso es guía segura para nuestras vidas. Los animamos a que se aproximen a su lectura pidiendo la luz del Espíritu, para comprender su sentido en el aquí y ahora que nos toca vivir.
Si lo necesitás, te ofrecemos una pequeña Introducción a la Biblia, para conocer aspectos básicos que nos ayuden a comprenderla. También te brindamos algunas pistas para Orar con la Palabra.
Esperamos que todo esto te sea útil para descubrir el hermoso proyecto que el Señor tiene para vos.
Bendiciones.

martes, 19 de febrero de 2013

El dolor como ofrenda de amor


Nuestro Papa, Benedicto XVI nos enseña que quien no está dispuesto a sufrir, no está dispuesto a amar, porque amar es entregarse. La Madre Teresa de Calcuta nos enseña que hay que AMAR HASTA QUE DUELA. Yo me animo agregar además que cuando algo duele, se nos ofrece la posibilidad de convertir el sufrimiento en amor. Todo dolor (como nos enseña Juan Pablo II en Salvificis Doloris) puede ser ofrenda de amor, unido al sacrificio de Cristo. Entonces, nuestras heridas, nuestros límites, nuestra enfermedad, nuestros momentos difíciles y hasta nuestros pecados adquieren sentido.
Dios en su infinito amor nos toma muy en serio. Toma muy en serio nuestra capacidad de amar, esa capacidad que él mismo puso en nosotros. Nos regala la oportunidad de amar como él nos amó, hasta dar la vida. En eso somos divinos, como Dios. Porque el Hijo de Dios compartió nuestra naturaleza humana para compartirnos su naturaleza divina. Como dicen los Padres de la Iglesia, somos DEIFICADOS, es decir, somos hecho dios... Y es en la capacidad de amar en donde reside esta gracia. El dolor entonces, paradójica y providencialmente, se transforma en un gran regalo.
¡AMÉN!

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