No hay nada más revolucionario que trabajar para que cada hombre y mujer descubra y realice su sueño más profundo. Porque ése es el sueño de Dios. Y en él se despiertan todas las fuerzas transformadoras de la persona y del mundo.
Por eso los poderosos trabajan constantemente en ahogar la voz de nuestro corazón. Y se empecinan en esta tarea al punto de hacernos creer que nuestra felicidad está en la fama, el éxito, el dinero o el placer. Nos hacen creer que nuestro destino es “tener” cada vez más.
No es casualidad que los grandes hombres, aquellos que hicieron de este mundo, un mundo mejor, fueran amantes del SILENCIO. Sólo allí, en el silencio, se puede escuchar lo que “late” en lo profundo de nuestro corazón.
Tal es el caso de Martin Luther King, Nelson Mandela, Mahatma Gandhi, el Che, y muchos otros.

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